miércoles, 1 de octubre de 2008




Lo supe, y lo sentí, y vi la imagen de mi cuerpo en tus ojos,

lo cual me distrajo momentáneamente

mientras experimentaba un torrente de placer

que me hacía creer que estaba viva,

conectada de alguna forma a los campos de tréboles

o a los árboles que hunden en la tierra

unas raíces más largas que las ramas que se alzan hacia el firmamento.

Al principio te odié.

Me viste mientras gozaba bebiendo la sangre de mi víctima.

Me viste cuando cedí a la tentación.

No sabías nada de mis largos meses de abstinencia,

en los que, conteniéndome, vagaba como alma en pena.

Sólo viste la repentina liberación de mi impuro deseo de succionarle el alma,

de alzar su corazón en su carne dentro de ella,

de arrancar de sus venas cada preciosa partícula de su ser....

que anhelaba seguir viviendo.

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