domingo, 28 de septiembre de 2008




«Lo recordarás todo»,


dijiste en cierto momento cuando nos dirigíamos hacia el café.
Tú, que eres tan joven entre nosotros


pero que eras tan viejo como mortal, y tan erudito.


Quizá sea natural que te hayas empeñado en recopilar nuestras historias.



Pero ¿por qué tratar de explicar aquí esta curiosidad que te devora,


este valor frente a la verdad manchada de sangre?


¿Cómo has logrado convencerme de que acceda a remontarme dos mil años exactamente,


para referir mis días mortales en la tierra,


y las escasas probabilidades que tenía de vencer contra la Suerte?

¿Cómo es posible que unos orígenes que han permanecido enterrados durante tanto tiempo,


y que siempre me he negado a reconocer,


afloren de golpe en mi mente?




Se abre una puerta.




Brilla una luz.




Y simplemente pasa.

No hay comentarios: